La «industria Claude Bernard»

Por Esteban Rodríguez-Ocaña, Universidad de Granada

La «industria Claude Bernard» es una de las más consistentes en la Historia de la Ciencia. Su papel histórico como consolidador de la ciencia experimental —fundador de la Fisiología general— y como metodólogo (autor de Introducción al estudio de la medicina experimental, 1865, texto de tan prolongada vigencia, que, sin pretender ser exhaustivos, se puede encontrar en una decena de ediciones en español entre 1880 y 2005) le han hecho uno de los objetivos seguros de la investigación en historia y filosofía de la ciencia. En los dos últimos años se han publicado en España, según la base de datos ISBN, sendos estudios, por Dolores Escarpa (Filosofía y biología en la obra de Claude Bernard, Madrid, UCM, 2005) y Oriol Martí Casas (Claude Bernard y la medicina experimental, Barcelona, 2006). La cantera bernardiana tiene su mayor filón en Francia, naturalmente, donde se publicaron al menos seis libros entre 1990 y 1999: A. Prochiantz, La révolution physiologique, París, 1990; Grmek, M. D. La méthode expérimentale, París, 1991; P. Gendron, Rationalité d’un méthode, Paris-Lyon, 1992; P. Debray-Ritzen, Un nouvel état de l’humaine raison, Paris, 1992; F. Dagognet, Savoir et pouvoir en médecine, Paris, 1997 y Grmek, Le legs de Claude Bernard, París, 1997.

El libro Claude Bernard, el sebo de vela y la originalidad cientifica suma a esta línea una aproximación crítica y detallada a uno de los momentos clave de la trayectoria científica del fisiólogo francés, el del descubrimiento de la función digestiva del páncreas. Está dividido en tres partes: «Intuición y tanteo», «Pruebas y sutilezas», y «Madurez y certeza», en lo que se puede decir que constituye una construcción histórica (concatenación de sucesos en la vida de C. Bernard) e historiográfica (reconstrucción crítica actual de aquellos) de una verdad fisiológica. Su autora es la médica mexicana, doctora en historia y filosofía de las ciencias por La Sorbona y profesora en el Departamento de Historia y Filosofía de la Medicina de la Facultad de Medicina de la UNAM, Ana Cecilia Rodríguez de Romo, co-responsable del Boletín Mexicano de Historia y Filosofía de la Medicina que publica la Sociedad homónima y con una sólida trayectoria de contribuciones a la historia de la medicina mexicana.

PortadaClaudeEl libro incluye una sobria presentación elogiosa por José Luis Barona, que en su última frase condensa toda una recensión. Y es que, en efecto, el minucioso análisis de los cuadernos de laboratorio y su confrontación con los textos publicados y los recuerdos expresos de Bernard, así como los de sus contemporáneos, hace posible un acercamiento muy cercano a la compleja realidad humana del trabajo de investigación.

Aléjense los que busquen en esta narración un texto al uso, lleno de lugares comunes; por el contrario, la dra. Rodríguez de Romo consigue, con paciencia de detective y agudeza de filósofa, mostrar la multifacética realidad de la indagación, con su suma de intuiciones, olvidos y recuerdos interesados, causalidades y premeditaciones, todo sobre la base de una voluntad y un propósito verdaderamente férreos y una no menos aguda inteligencia. Prueba, fuera de toda duda, que el relato del propio Claude Bernard sobre su descubrimiento a partir de una observación in vivo ha de ser sustituido por la evidencia historiográfica de que originó de un experimento in vitro.

El libro se propone como un caso empírico de estudio acerca de la creatividad científica, explícitamente apoyado en Grmek y en Simonton, afirmando la categoría de «genio intuitivo» para el autor estudiado. El estilo narrativo es ágil y minucioso en la descripción de prácticas experimentales, hipótesis y afirmaciones, préstamos y reinterpretaciones que constituyen la intrincada maraña de la indagación bernardiana. La autora muestra un conocimiento actualizado de los problemas que estudia y lo aplica para explicar las dudas y obstáculos surgidos en el devenir del esclarecimiento del problema, sin por ello desdeñar la cita literaria (de Rowlings a Volpi, pasando por Saramago).

Sustenta firmemente que la experimentación es un arma heurística indispensable en el devenir de la Fisiología, capaz de reformular el marco conceptual del que se parte. También, en su último apartado, muestra la capacidad conformadora que sobre el pensamiento poseen los marcos conceptuales aceptados, cuando Bernard se muestra el mayor crítico de experiencias y comentarios en todo similares a los suyos propios de diez años atrás.

En suma, un libro de agradable lectura, que enriquece notablemente la tradición hispánica de historia de la Fisiología e incluso la sitúa en un nivel distinto de indagación al que estábamos acostumbrados.

Más información: Dynamis 2007; 27: 369-425

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